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(Waka Noticias. Puerto Ayacucho, 13/06/2019).- En 1986 el cineasta venezolano Carlos Azpurua publicó un excelente documental denominado “Amazonas el Negocio de este Mundo”, por supuesto, refiriéndose a los negocios que los potentados económicos y políticos tenían sobre esta región, así como la presencia de la Misión “Nuevas Tribus” en actividades evangelizadoras, que representaba una grave transculturación a los pueblos indígenas en aquella época. El mismo Carlos Azpurua dirigió otra obra, el cortometraje “Yo hablo a Caracas”, donde el líder Ye’kuana Verné Yavarí, relata sobre lo nocivo del pensamiento y prácticas occidentales en sus territorios, en referencia a la presencia de las “Nuevas Tribus”.

 

Sobre este respecto dejaré que mis estimados amigos y avezados historiadores de Amazonas, Verney Frontado y Juan Noguera, me ayuden a rememorar.

Donde sí podría opinar y catalogar como el verdadero “negocio de este siglo”, ya refiriéndome al siglo XXI, es el destrozo que las actividades extractivistas en este mismo momento le están ocasionando a uno de los biomas más importantes del planeta en cuanto a su equilibrio y termorregulación, severamente amenazada y en gran medida deteriorada, según el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en informe de 2018, ello por referirme al tema ambiental. No se si llamarle un destrozo menor o peor, el que también se le está ocasionando a los pueblos que representan la mayor diversidad étnica del país, al generarle desplazamientos en todos los grados, alteración de sus usos y costumbres ancestrales, repunte de los indicadores sanitarios, así como la erosión cultural que jamás hayan padecido los pueblos indígenas de Amazonas a causa de la minería ilegal y sus diversas actividades conexas, a cargo principalmente de grupos irregulares armados, con la anuencia del Estado venezolano en toda su estructura.

Este negocio del oro no sólo ha atraído a los grupos irregulares armados, sino también a los políticos de todas las instancias militares.

Este negocio ha generado una verdadera entelequia económica en la región amazónica, desde Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas, hasta las más remotas comunidades, donde la moneda oficial que se impuso es el oro, el peso, el dólar, la gasolina y la esclavitud como forma de pago.

Este círculo perverso ha determinado la “economía” del estado Amazonas, una economía que ya no podemos denominar paralela, sino común, pues es la fórmula que a diario nos ha tocado vivir en esta región. Quien tenga dudas acerca de qué economía rige nuestro mercado diario, que haga el siguiente ejercicio: ¿Cuánto, cómo y a quién debes pagarle por obtener una bombona de gas doméstico? ¿Cuánto, cómo y a quién le pagas cuando tu vehículo se quedó sin combustible y no hay en las estaciones?... Indefectiblemente que esa “economía” originada en los campamentos mineros en el interior de Amazonas, impacta igualmente la dinámica comercial de Puerto Ayacucho y zonas de influencia.

Este ejercicio por mencionar sólo los de la capital del Estado, porque si nos remitimos a los municipios del interior, la situación es realmente dramática, como por ejemplo los vividos por los indígenas Wottoja de la comunidad “Pozo Terekay” del Río Ventuari, Manapiare, quienes este año han perdido la mayor parte de su cosecha debido a no tener transporte (gasolina) para arrimar sus productos a Puerto Ayacucho, como históricamente lo hizo. Lógicamente que en el tema del combustible confluyen varios aspectos, pero todos endosados al Estado y en especial a sus negocios en esta región. La lógica: es más lucrativo un tambor de gasolina en las minas de oro, que en la referida comunidad para proveer alimentos a los ayacuchenses.

Los reclamos que el Cacique Ye’kuana Verné Yavarí hizo en los 80, fue fundamentalmente por la presencia de la Misión “Nuevas Tribus” en comunidades del estado Amazonas: Akanaña, Tama-Tama, Kosh, Padamo, entre otras. El legítimo reclamo del líder Ye’kuana fue porque su cultura se encontraba amenazada y en alguna medida ya erosionado por la presencia de este grupo religioso.

Analizando esta situación desde la erosión cultural, hoy lamentablemente el caso no es Nuevas Tribus, quienes fueron expulsados del país a través de un Decreto Presidencial, ello si subestimar los impactos que ocasionó a los pueblos indígenas donde tuvo influencia. Hoy el etnocidio está siendo generado principalmente por el Estado venezolano en su acción directa y protagónica, así como por su omisión en la actitud cómplice que mantiene con los dos grupos irregulares armados que operan en los siete municipios que conforman esta geografía regional. Además, el fenómeno de la militarización de los territorios indígenas, bajo la lógica de protección de territorios estratégicos, ha generado considerables desequilibrios socioculturales a sus habitantes ancestrales. Al respecto hay varios antecedentes: caso “Caño Iguana” en Manapiare (2008), caso “Momoi” en Alto Orinoco (2010) y más reciente el caso “Tama-Tama” en Alto Orinoco (2017), entre otros.

De tal manera que la Amazonía venezolana hoy no es sólo el negocio del siglo, sino también el ensayo etnocida más trágico que hayan experimentado sus habitantes ancestrales, al menos en nuestra historia contemporánea. Ayer fueron las Nuevas Tribus, antes la conquista española, hoy el Estado venezolano.

 

Por: Luis Betancourt Montenegro

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