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Puerto Ayacucho.- Más de 100 indígenas del pueblo jivi recorren las calles de la ciudad desde tempranas horas de la mañana en busca de alimentos; las panaderías, puestos de comidas y carnicerías son los lugares que más frecuentan, según el trabajo y la evaluación realizados por la organización FundaREDES.

El coordinador de esta ONG en Amazonas, José Mejías, dijo este jueves 19 de noviembre a El Pitazo que han venido realizando este trabajo de evaluación desde el pasado mes de mayo, cuando notaron la presencia de los nativos en mayor cantidad pidiendo en las calles, determinando que están en condición de extrema pobreza.

Mejías detalló que el 60% de los que piden comida en las calles son mujeres entre 30 y 50 años de edad; el 30% son adolescentes de entre 11 y 15 años, mientras que el 10% son niños de 8 años en adelante. El luchador social reveló que son procedentes de los sectores La Laja de Upata, Zamuro y la Piedrita de Monte Bello.

“La situación es crítica; la crisis está afectando a nuestros hermanos indígenas, que son los más vulnerables”, enfatizó Mejías, quien señaló que las autoridades no se han preocupado por abordar la situación. “Cada día observamos cómo niños buscan comida entre la basura de los mercados para poder alimentarse”, afirmó.

En un recorrido realizado por el equipo de El Pitazo en el mercado 60 Aniversarios de Puerto Ayacucho, se constató la presencia de indígenas esperando por la caridad de los dueños de locales comerciales. Lina Rojas dijo que tiene que recorrer los establecimientos para pedir sobras y alimentar a sus dos hijos.

“Pasamos muchas necesidades; nuestros hijos tienen hambre y no tenemos trabajo. Es por eso que nos toca pedir, porque el Gobierno no nos ayuda”, aseveró esta joven de 32 años. Asimismo, comentó que camina todos los días al centro de la ciudad con sus pequeños hijos para alimentarlos de lo que recibe de la gente.

Una fuente consultada indicó que la bolsa y el combo proteico del Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap) presenta retraso hasta de seis meses para llegar a las comunidades, situación que genera que sean más los indígenas que se sumen al oficio de pedir comida y dinero en las calles para sobrevivir a la crisis.