
Acotar en una breve secuencia todo lo que ha sucedido en Amazonas, es muy difícil, el periodo que cierra el 15 de octubre, de un año, no es suficiente, el avance épico de un territorio olvidado al sur de Venezuela, inicia, realmente, en el año 2015.
En ese entonces, Puerto Ayacucho sobrevivía a la desidia del clientelismo enquistado en la sede de una gobernación que solo se servía a sí misma y a quien la dirigía, entonces el Pueblo estaba adaptado a aceptar, lo que quedaba, por ello los servicios dependían principalmente de lo que cada quien se podía gestionar, resolvía pozos de agua, compraba plantas eléctricas, se conformaba con transporte a solidaridad voluntaria sobre restos de carreteras a medio hacer, y el servicio eléctrico, no cubría las 24 horas.

Adicionalmente, Amazonas soportaba los primeros embates de la guerra económica al igual que el resto de Venezuela.
No obstante, el odio, el endorracismo y el clientelismo lo permeaban todo, y en consecuencia, la política tenía un lugar meramente instrumental bien por la vía de un empleo, o una faja de billetes al salir de un centro electoral. A eso se reducía la relación del ciudadano amazonense con el poder.
“Si me dan lo apoyo”, así le decían a Miguel Rodríguez cuando asumió a todo riesgo hacer política en Amazonas, como dice él “la política… pero con P mayúscula”, que no es sencillo jamás porque implica la entrega total y el abandono de las usuales aspiraciones individuales del ser humano común.
Así pues Miguel se quedó, no solamente habiendo ganado la elección para formar parte de la Asamblea Nacional, sino después de acatar la decisión del TSJ que buscaba confrontar aquella antipolítica, la de los koalas forrados de billete, y sin disfrutar las mieles de ningún cargo, objetivo por objetivo, se mantuvo acompañando las luchas de los trabajadores, sufriendo las carencias de las poblaciones del interior, y apoyando a la juventud para invitarla a quedarse en la tierra que siempre los veía partir, cuando se quería alcanzar un nivel de conocimiento o de ingresos mayor.
En Amazonas no era usual pensar en el futuro, el corto plazo lo marcaban la pobreza, la enfermedad y la desesperanza. La gente no apuntaba a lo político como forma de revertir todo esto hasta percibir el respeto de un líder que no los abandonó, entonces devolvió ese respeto en votos, el 15 de octubre, y hay que ver todavía como celebró Amazonas quitarse de encima 20 años de pastosa parálisis institucional y de desgobierno descarado a todo nivel.
“Este triunfo, es de ellos”, así dijo Miguel Rodríguez cuando el Consejo Nacional Electoral confirmó la aplastante victoria de la Revolución en Amazonas, el pueblo desplazaba a la élite de la sede de la gobernación, ese hecho simbólico, se tradujo en el despliegue del gobierno fuera de las oficinas con la clara instrucción para todos los integrantes de ese equipo, de apartarse de los mecanismos convencionales de atención a la gente, nadie se quedaba en su escritorio porque los problemas están en la calle con toda su gravedad y complejidad.
La visión del Amazonas del futuro pasaba, entre otras cosas, por lograr recomponer el tejido amoroso del pueblo, y esto implicaba olvidar prácticas sectarias intra y extrapartido, y crear además una nueva institucionalidad que se adaptara a las necesidades que imponen levantar Amazonas de las cenizas.
Escuchar, resolver y avanzar, comenzando por lo urgente, la distribución de agua potable bajo esquemas de gestión compartida, el acceso a alimentos, la creación de nuevos y mejores servicios de salud, lograr una distribución eficaz de combustible y lubricantes, y garantizar mejores condiciones de salubridad en una ciudad donde el llamado vertedero ahogaba al menos una vez al año a la población.
En poco tiempo, las aspiraciones colectivas se hicieron realidad, apenas dos meses después, nacía la primera empresa hidrológica de Amazonas, HIDROAMAZONAS, y la empresa de Alimentos Amazonas que comenzando el 2018 ya servía a través de jornadas de venta de alimentos accesibles para poder dar testimonio de ser, Puerto Ayacucho, una de las pocas ciudades de Venezuela donde la gente podía consumir carne con un poco más de regularidad.
Esos síntomas de alivio en la difícil realidad económica lo percibimos, con más fuerza, quienes viajábamos a otras partes del país y comparábamos a los estados más potentes con el pequeño pero significativo milagro amazonense.
Luego, contra todo pronóstico y múltiples saboteos se inauguró el primer servicio de lubricantes del país que detuvo la espiral especulativa en este sector tan sensible, el transporte tenía una carga menos y bajo esquemas de funcionamiento que no necesariamente caracterizan al sector público, el servicio de Lubricantes Amazonas, todavía sorprende a quienes buscan mantener en circulación su vehículo sin que ello sea un lujo reservado para quienes disponen de dólares u otra divisa.
La cosa era sencilla, cuando en otro estado el servicio de cambio de aceite costaba 25 millones de bolívares, en Amazonas costaba 3 millones, sin que ello representara pan para hoy y hambre para mañana, porque estos servicios se pueden autosostener.
Apenas llegando a mitad del 2018 ya Amazonas contaba con su primer servicio de atención a urgencias médicas, el SIUMA, y por las principales avenidas y carreteras del estado se pueden ver las ambulancias que atienden a tiempo las llamadas de los enfermos y de sus familiares.
También, un año después de ver toda la basura arder, Puerto Ayacucho es una de las ciudades más limpias de Venezuela.
Mientras esto sucede, Amazonas acumula kilómetros de carretera asfaltada pensando en comunicar definitivamente a este estado con el resto del país sin necesidad de atravesar el Orinoco, de manera que el aislamiento va quedando atrás en la memoria de quienes han sufrido al trasladarse penurias poco imaginables para los habitantes del centro de Venezuela.
Ah pero falta mucho por hacer, porque todo lo que subyace a los problemas más sentidos por la población permanece, “aquella economía”, la de las minas, el contrabando, la venta de gasolina que suple lo que el salario no aporta, el bachaqueo interno, la especulación, todo eso forma parte del legajo de asuntos que estructuran una sociedad en recuperación, para enfrentar eso, hay que ponerse de acuerdo.
Y el amazonense sabe, que dialogar constructivamente en este Pueblo, no es lo que se dice “una mantequilla”, por diversas razones, entre otras ese odio reforzado por la antipolítica, de tal manera que el reto se va a haciendo mayor, pero ya la mirada de este hermoso gentilicio está por encima de lo que antes lucía imposible, y es el encontrarse alrededor de los asuntos que les duelen a todos, lo que se va convirtiendo en una realidad cada vez más poderosa.
Dentro de este contexto, Amazonas salió airosa de la adversidad en las inundaciones que la crecida del Padre Orinoco ocasionó brindando la oportunidad de revivir la fibra solidaria del pueblo. Ahora, retoma la senda de la articulación social no como un panfleto, ni como una orden de operaciones, más bien como un aliento y un horizonte.
Por esta vía no hay pérdida, Amazonas está condenada a ser más pronto de lo que muchos imaginan, uno de los primeros estados del país y un territorio dispuesto para que sus habitantes se queden y los hijos de sus hijos, venciendo la lógica del centro y la periferia.
Mucho mejor, Amazonas dejara de ser objeto de la mirada lastimera y estigmatizada de los propios venezolanos y de extranjeros